SEAT 600: recuerdos de mi primer coche

un SEAT 600 con las puertas a contramarcha

Valentín Á.O., lector de ‘Mobilitynews’, nos ha enviado unas líneas para hablarnos de su primer coche: el inmortal SEAT 600, un automóvil que adquirió en Madrid y con el que se desplazaba todos los fines de semana a San Martín y Mudrián (Segovia).

En 1970, tras cumplir el servicio militar, le compré el SEAT 600 a mi cuñado Adrián. A él ya se le quedaba pequeño y para llevar a la familia decidió adquirir un SEAT 124, mucho más espacioso y con un buen maletero.

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Yo fui el tercer propietario de aquel SEAT 600, que me duró cuatro o cinco años casi sin averías mecánicas. La única de consideración fue un problema con la bomba de gasolina, que me dejó tirado un día que regresaba de San Martín y Mudrián a Madrid. La otra pega que puedo achacarle es que la chapa ubicada bajo los pies del conductor presentaba signos de corrosión y algunos agujeros.

SEAT 600: un utilitario para todo

Por lo demás, como digo, el SEAT 600 iba muy bien –con sus lógicas limitaciones de velocidad– y le hice muchos kilómetros. Cuando estaba en San Martín y Mudrián, lo utilizaba para ir con mi hermano Emilio al mercado de ganado de Medina del Campo (Valladolid). Incluso llegamos a viajar a una finca de la provincia de Salamanca, en la que solía residir el torero Luis Miguel Dominguín, para comprar corderos.

Y por Madrid llegué a usarlo para repartir sacos de patatas de 25 kilos que traía del pueblo. Además, claro, lo utilizaba para ir a trabajar: primero a la avenida García Noblejas –ahora, avenida de la Institución Libre de Enseñanza– y después a la calle José del Hierro.

un SEAT 600 con las puertas a contramarcha
Las puertas de apertura a contramarcha del 600 eran conocidas como ‘mirabragas’.

Mi carro me lo robaron

Un buen día, aparqué el SEAT 600 cerca del Palacio de los Deportes de Goya. Cuando fui a recogerlo por la noche para volver a casa, no estaba allí. Lo habían robado. Apareció al cabo de tres días en la plaza de Castilla. No tenía ningún daño. Pero el interior estaba lleno de cáscaras de pipas, papeles, porquería…

También recuerdo que la Guardia Civil me multó, camino de Segovia, porque, al parecer, pisé una línea continua. Yo creo que no fue así. Pero no era cuestión de discutir con la autoridad. Eran otros tiempos.

El SEAT 600 se lo vendí a un chico que trabajaba en una pastelería de la calle José del Hierro. Lo sustituí por un FIAT 1100. Y con el paso de los años, tuve un Opel Kadett, un Ford Orion, una Peugeot Partner… Si me animo, otro día hablo de alguno de ellos.

12 de marzo de 2026. Fotos: SEAT.