René Sanz Muñiz ha aceptado la invitación de ‘Mobilitynews’ para hablarnos de su coche clásico favorito: el Alfa Romeo 33. Su hermana tuvo uno en color rojo que vendió con más de 200.000 km. Y René reconoce que se arrepiente de no habérselo quedado en su día. Afortunadamente, luego llegaron a su vida otros modelos de la firma italiana más modernos y potentes.
1986. Yo tenía 25 años y venía de una familia con pasión genética por los coches y las motos. Aquel año, mi hermana mayor estrenó un Alfa Romeo 33 1.3. Y aquello no fue simplemente un coche nuevo en casa: era un Alfa. Puro cuore sportivo.
La historia automovilística de mi hermana ya era intensa. Primero un Mini Cooper de segunda mano, precioso pero caprichoso. Después, un SEAT 127 nuevo que terminó fundiendo a los 130.000 km tras recorrer unos 120 km diarios, siempre al límite. Pero el Alfa Romeo 33 era otra cosa: un salto de categoría, de carácter y, sobre todo, de alma. Y yo lo viví como si también fuese mío.
Alfa Romeo 33: deportivo incluso parado
El rugido de su motor bóxer con doble carburador era veneno puro. En rojo, por supuesto, parecía llegado de otro mundo frente a los anodinos cuatro cilindros en línea de la época: Ford Escort, Renault 11, Talbot Horizon… Coches correctos, sí, pero sin cuore.
El Alfa Romeo 33 transmitía deportividad incluso parado. Su silueta en cuña, tan ochentera, recordaba a otros Alfa con pedigrí. A pesar de su modesta cilindrada, subía de vueltas con una alegría adictiva. No corría: se desataba. Y su sonido aceleraba el latido del corazón.

Aquel Alfa evocaba al mítico Stradale
Mi hermana era carne de radar en aquella autovía, acumulando recetas de la Guardia Civil cuando aún no existían los puntos. Pero es que ese coche te empujaba a conducir. No era un acto racional, era una experiencia. La leyenda Alfa se apoderaba de ti, y ese 33 evocaba inevitablemente al mítico Stradale.
No era un coche para manitas improvisados. Muchos mecánicos se perdían bajo su capó, y de ahí nació parte de su injusta mala fama. El de mi hermana sólo pisó concesionario oficial cada 20.000 km para su AGIP Sintético 2000. Se vendió con más de 200.000 km y terminó superando los 400.000.
Siempre me arrepentí de no quedármelo. Por eso luego llegaron a mi vida otros Alfa. Más modernos. Más potentes. Pero siempre con la misma alma. Porque cuando uno entra en tu vida, ya no se va nunca.
17 de febrero de 2026. Por René Sanz Muñiz. Fotos: Alfa Romeo.
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