‘Mobilitynews’ me ha invitado a escribir sobre mi coche clásico favorito. Como podéis imaginar, sobre todo si seguís mi trayectoria editorial, no es difícil adivinar que se trata de un modelo de la mítica marca italiana Lancia. Concretamente, del Lancia Beta HPE, o simplemente HPE, como lo conocimos en España cuando se fabricó bajo licencia SEAT en la factoría de Landaben (Pamplona). Aunque confieso que hay otro modelo, de origen germano, que también ocupa un lugar muy especial en mi corazón. Pero, como se suele decir, esa será otra historia…
Mi relación con el automóvil viene de muy lejos. Tan lejos que me cuesta recordar un momento de mi vida en el que los coches no estuvieran presentes. Desde que tengo uso de razón he sentido una fascinación casi instintiva por ellos: por su historia, su diseño, la manera en que reflejan una época y una forma de entender la vida. De niño, en las calles de mi Lleida natal, me quedaba embobado observando los coches que pasaban, intentando reconocer marcas, versiones y pequeños detalles que los diferenciaban. Para mí no eran simples vehículos: eran personajes, cada uno con su propia personalidad.

‘Bricolaje del Automóvil’
En casa, además, existía un pequeño tesoro que alimentó definitivamente esa pasión. Mi padre tenía una enciclopedia titulada Bricolaje del Automóvil, de Ediciones UVE, que yo releía una y otra vez con auténtica devoción. En cada fascículo aparecían fichas técnicas de los automóviles que se vendían en España y aquellas páginas se convirtieron en una ventana abierta a un mundo que todavía no podía tocar, pero que ya sentía profundamente mío.
Había dos fichas que me hipnotizaban por encima de todas las demás: la del Lancia Coupé y la del Lancia HPE 2000, ambos fabricados por SEAT. Sus líneas, cifras, fotografías… Todo en ellos transmitía algo distinto, algo especial. Sin saberlo entonces, aquellas páginas estaban sembrando una semilla que con el paso del tiempo se convertiría en una auténtica devoción por Lancia y, muy especialmente, por los Beta.

Lancia Beta HPE de 1979
Pocos años después, esa devoción tomó forma real. Influido en parte por mis insistentes consejos, mi padre compró un Lancia Beta HPE de color plata, matriculado en 1979, a un amigo mecánico. El coche estaba en un estado francamente lamentable, casi abandonado, con el motor destruido, pero también cargado de posibilidades. Con paciencia infinita, esfuerzo y muchas horas compartidas, lo fuimos reconstruyendo poco a poco, devolviéndole la dignidad que nunca debió perder.
Aquel Lancia Beta HPE pasó a convertirse en nuestro coche de uso diario, sustituyendo a un SEAT 132 1800. Y aún hoy recuerdo con absoluta nitidez el primer día que me subí a él una vez terminado. Fue un sábado, 13 de noviembre de 1993. La sensación fue tan intensa como reveladora: era como pasar de viajar en un coche de ministros a hacerlo en un auténtico cohete espacial. La posición de conducción, la completa instrumentación, el sonido del motor, la respuesta inmediata al acelerador… Todo desprendía una deportividad y una personalidad que me marcaron para siempre. Yo no era el mismo al bajarme de ese coche.

Recuerdos, emociones, momentos compartidos…
Sin saberlo entonces, aquel Lancia Beta HPE estaba definiendo algo muy profundo en mí. No sólo una pasión por los coches, sino una forma de entenderlos. De ahí nació mi interés por la historia de Lancia, sus modelos, su filosofía. Por entender por qué hacían los coches como los hacían y que acabaría llevándome a investigar y divulgar la historia de la marca en España.
Con el tiempo, y conscientes de que el Lancia era un coche especial y digno de conservar, dejó de ser el vehículo de uso diario para dar paso a otros coches. Algunos también muy interesantes, incluso queridos, pero ninguno dejó una huella tan profunda.
Años más tarde, el HPE pasó definitivamente a mis manos. Y ahí sigue. Lo conduzco en concentraciones, en viajes, en escapadas sin prisa. Cada vez que lo arranco no estoy poniendo en marcha solo un motor: estoy activando recuerdos, emociones, momentos compartidos, una parte esencial de quien soy. Porque hay coches que se poseen y otros que te construyen.
1 de febrero de 2026. Por Miguel Ángel Águila Buchaca.
