En 1959 vio la luz el icónico Mini. Con aquel nuevo automóvil, su creador, el ingeniero y diseñador sir Alec Issigonis, cumplió fielmente el encargo de British Motor Corporation (BMC): concebir un automóvil pequeño con capacidad para cuatro ocupantes, fácil de conducir, parco en consumo y asequible. No obstante, lejos de conformarse con aquella primigenia carrocería, en BMC no tardaron en ampliar su oferta con una variante familiar que hoy sigue comercializándose como Mini Countryman.
Así eran los precursores del Mini Countryman
Concretamente, llegó en 1960 bajo dos denominaciones: Austin Seven Countryman –en la imagen superior– y Morris Mini Traveller, de similar estructura. Como seña de identidad, ambos modelos presumían de una carrocería alargada –su longitud era de 3,30 metros, aproximadamente– con molduras de madera que fue muy apreciada en Reino Unido. Pero no sería así en otros países, donde se exportó una versión sin apenas adornos –también disponible en el mercado británico a un precio inferior–.
En el año de su lanzamiento, el Austin Seven Countryman y el Morris Mini Traveller montaban un propulsor de 848 cc que entregaba una potencia de 34 CV. Y en 1967 dichas cifras aumentaron hasta 998 cc y 38 CV, más que suficientes para un automóvil cuyo peso en vacío era inferior a 675 kilos.

El plástico adhesivo, sustituto de la madera
En total, se produjeron 207.000 unidades de los precursores del Mini Countryman entre 1960 y 1969. Luego llegaría el Mini Clubman Estate, con unas líneas más cuadradas y una película de plástico adhesiva que imitaba la madera de sus antecesores.
Actualmente, el Mini Countryman es el modelo de mayores dimensiones de la firma propiedad del Grupo BMW, su longitud es de 4,5 metros y se ofrece con motores de gasolina y eléctricos cuyas potencias oscilan entre 163 y 313 CV. Parece que fue ayer y, sin embargo, ya han transcurrido 65 años…
1 de septiembre de 2025. Por Redacción Mobilitynews. Fotos: Mini.

