Renault 12 Break: un familiar para todo

un Renault 12 Break en la urbanización La Moraleja de Madrid

Autor de la serie de libros ‘Fórmula 1. 50 Años de Historia’, Juan Francisco Gómez Fernández mira por su particular retrovisor para hablarnos de su coche clásico favorito: el Renault 12 Break. Un modelo que ansiaba cuando era pequeño y que, finalmente, pudo adquirir y disfrutar en Estepona y la provincia de Málaga.

Long time ago… Cuando era un niño, por las tardes después del colegio –porque entonces se iba por la tarde a la escuela–, los chicos del barrio jugábamos a diario nuestro partidito de fútbol. Y el terreno de juego era la misma calle, por lo que debíamos interrumpir el partido cuando pasaba alguna señora mayor o un coche.

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imagen promocional del Renault 12 Break
Imagen promocional de la carrocería familiar del recordado modelo francés.

Renault 12: una línea que se salía de lo común

Hablando de coches… A mediados de los años 70 del siglo pasado, los automóviles que más se veían eran los SEAT 600, 850, 124 y 127, los Simca 1000 y 1200, el Citroën 2CV y mi protagonista, el Renault 12, junto a otros modelos de la firma francesa como el R4 o el R6.

En el caso del Renault 12, admiraba uno propiedad del constructor D. Manuel Madueño. Y digo admiraba porque, desde el primer día que lo vi, quedé prendado de la línea tan bonita que tenía. Era una línea afilada en forma de flecha, mientras que todos los demás coches me resultaban cuadrados, como si fueran cajas de cerillas.

Con sólo 18 años obtuve el permiso de conducir y no os podéis imaginar la de veces que hablé con el bueno de Manuel para tratar de comprarle el R12. Pero él me decía que lo necesitaba para el trabajo y que estaba muy contento con el vehículo.

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R12 Break: para el negocio… ¡y el amor!

Con el paso del tiempo, y tras mucho ahorrar, supe que había un Renault 12 familiar a la venta. Y como mi madre tenía una pescadería, le venía mejor que tuviera un maletero grande para cargar productos necesarios para el negocio familiar.

Aquí di con un hueso duro de roer: el propietario del coche era nada más y nada menos que el director de una sucursal del Banco Bilbao Vizcaya. El coche lo vendía por 420.000 pesetas de la época y, tras mucho discutir, al final no me rebajó ni un duro.

Al Renault 12 le instalamos un cajón de corcho en la parte trasera para ir a comprar pescado a Málaga o al puerto de Estepona. Así que por la tarde tocaba limpiar el cajón con lejía. Al mismo tiempo, aquel R12 se convirtió en mi primer nido de amor, aunque mejor censuramos esta parte…

un hombre carga unas alfombras en un Renault 12 Break
Con la banqueta trasera plegada, el maletero ofrecía una gran capacidad de carga.

Un familiar rápido y fiable

Dos años después, mi madre cayó enferma. Y como no me gustaba la pescadería, el negocio se vendió. Yo tuve suerte y encontré trabajo en una inmobiliaria de Marbella. Ida y vuelta, todos los días recorría 60 kilómetros. ¡Cómo disfrutaba de la conducción de mi Renault 12! Como si estuviera en una competición, cronometraba el tiempo y el récord fue de poco más de 20 minutos, creo recordar.

Lo tuve durante 14 años y, la verdad, no sufrió ninguna avería grave. Como anécdota, recuerdo que una vez se me partió el cable del acelerador. Vino un mecánico, le amarró una cuerda y se lo llevó acelerando con ella por la ventana. Me quedé perplejo. ¡Igualito que hoy en día con tanta tecnología!

11 de septiembre de 2025. Por Juan Francisco Gómez Fernández. Fotos: Renault.

Nuestro agradecimiento al departamento de Comunicación de Renault España por la cesión de las imágenes que ilustran este artículo.

tablero de instrumentos del Renault 12
Primer tablero de instrumentos del R12. Fue renovado a mediados de los años 70.