Con una amplia y destacada trayectoria en el ámbito de la seguridad, Richard Biernay Arriagada ha aceptado la invitación de ‘Mobilitynews’ para hablarnos de su coche clásico favorito: el icónico BMW Isetta. Cuando era niño, aquel ‘huevito’ lo fascinaba y lo invitaba a soñar que lo conducía desde Santiago de Chile hasta Viña del Mar.
Desde niño tuve una fascinación que no siempre resultaba fácil de explicar. Mientras mis amigos soñaban con automóviles deportivos, aerodinámicos y futuristas, yo podía detenerme maravillado frente a un pequeño BMW Isetta estacionado en alguna calle de Santiago de Chile. Para nosotros era simplemente el huevito.
No me interesaban su potencia ni sus prestaciones. Me cautivaba precisamente porque era diferente. Su forma redondeada, sus dimensiones diminutas y, especialmente, aquella increíble puerta que se abría por la parte delantera hacían que pareciera un automóvil llegado de otro mundo. Pero no del futuro que imaginaban mis amigos. Era un mundo propio, singular y entrañable.
Cada vez que encontraba uno estacionado, lo observaba con verdadero cariño. Y soñaba. Me imaginaba dejando atrás la infancia y convirtiéndome en un joven que tendría su propio huevito. En mi imaginación lo conducía desde Santiago rumbo a la playa de Viña del Mar. No necesitaba un gran deportivo ni un automóvil espectacular. Me bastaban aquel pequeño BMW Isetta, la carretera y la sensación de estar comenzando mi propia vida.

BMW Isetta: un espacio propio
Mirándolo ahora, tantos años después, pienso que aquella elección también decía algo de mí. Quizás mi fascinación por un automóvil tan pequeño e íntimo reflejaba cierta dificultad que entonces tenía para socializar. El Isetta parecía ofrecerme exactamente lo que necesitaba: un pequeño espacio propio desde el cual descubrir el mundo, disfrutar de la soledad y contemplar la ruta. La vida, naturalmente, se encargó de cambiar muchas cosas.
Hoy mis preferencias están mucho más cerca de los vehículos familiares. Con los años llegaron otras personas, otros afectos, otras responsabilidades y también otras maneras de viajar. Supongo que nuestros gustos automovilísticos cuentan bastante bien quiénes somos en cada etapa de nuestra vida.
Pero hay cosas que permanecen. En pleno siglo XXI, cuando inesperadamente aparece ante mí un BMW Isetta, dejo por unos segundos de ser el adulto que soy. Vuelvo a ser aquel niño de Santiago. Y vuelvo a soñar que algún día tomaré la carretera hacia Viña del Mar conduciendo mi propio huevito.
2 de octubre de 2026. Por Richard Biernay Arriagada. Fotos: BMW.
