José A. González Menéndez ha aceptado la invitación de ‘Mobilitynews’ y en este artículo nos habla de su coche clásico favorito: el SEAT 1500. Para él, hablar de este automóvil es hacerlo del entrañable ‘Milqui’, un palacio rodante que permitía viajar cómodamente y que alcanzó el culmen del lujo con las versiones bifaro.
Los que nacimos en los años 60 tuvimos la oportunidad de vivir el despegue económico español en dos fases: la del SEAT 600 y la del SEAT 1500. El 600 nos sacó de aquella España en la que no circulaban apenas coches, en la que solo los ricos y los burgueses tenían un automóvil.
Pero, de pronto, miles de 600 empezaron a rodar por todo el país y con aquella idiosincrasia comenzaron los viajes por carretera en familia, las vacaciones de treinta días cargados de niños y maletas… Incluso los viajes en dos turnos para poder llevar a los abuelos.
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SEAT 1500: un palacio rodante
Hasta que en 1963 todo cambió. Apareció la clase media y, con ella, nació el SEAT 1500, el Milqui. Los profesionales, los empleados de cierto rango o los emigrantes retornados ya poseían un coche en el que todo el mundo se fijaría.
El SEAT 1500 tenía un motor extremadamente poco potente que, sumado a la gran carrocería, hacía que este gran coche apenas sobre pasase los 120 km/h. Pero era precioso, elegante, cómodo y con un interior enorme –en el de mi padre llegábamos a meternos ocho personas–. En aquella época, era un palacio rodante.
Y su evolución, el bifaro, no os quiero ni contar. Aquello era el culmen del lujo, solo superado por los enormes coches americanos, los Dodge, los Cadillac, los Buick…
Hasta tal punto era cómodo y versátil que pronto todos los taxistas de España lo adoptaron como coche de cabecera. Ver un taxi en cualquier punto de España era ver un SEAT 1500.
Poderío, clase y elegancia
Estos treinta años de la historia de España (1950-1979) fueron la historia de estos dos entrañables automóviles. Y si me inclino por el SEAT 1500 es solo, como os dije, porque mi padre tuvo uno y porque nos abrió las puertas de las largas distancias: en un Milqui te podías ir cómodamente de Vigo a Valencia parando solo a repostar y a que la manada de niños de a bordo hiciesen pis.
Qué grande. Siempre he pensado que, cuando me jubile, buscaré un bifaro y lo compraré para volver a sentir aquella sensación de poderío, clase y elegancia que este gran automóvil nos ofrecía. Va por usted, querido y entrañable Milqui.
5 de julio de 2026. Foto: SEAT.
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